El bofetón de los senadores

A propósito del tratamiento de la despenalización del aborto en el Congreso de La Nación. Nota de opinión de María Cristina Ockier (*)
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Escribo desde la indignación visceral que me ha provocado el rechazo senatorial a la ley de despenalización del aborto. La apabullante onda verde que se extendió a lo largo y lo ancho de nuestro país en apoyo a la sanción de la ley recibió el bofetón de 38 senadores que decidieron vetar el proyecto apelando a discutibles razones de tipo jurídico, filosófico, moral, éticas e incluso religiosas.

Lo sucedido involucra diversos planos. Comenzaré por el resultado numérico de la votación, un aspecto que podría considerarse en principio secundario si no fuera porque dichos números resultaron definitorios a la hora del resultado y, como es sabido, no existen números ni cifras neutras. En tal sentido vale apuntar que el NO se impuso totalmente en la mayoría de las provincias del NOA (Jujuy, Salta, Santiago del Estero, y La Rioja; sumando un par de votos negativos en Catamarca  y Tucumán). A su vez, tres de las provincias que integran el NEA replicaron este último resultado (Formosa, Misiones y Corrientes, mientras Chaco se manifestó con un voto de rechazo). Como es sabido, se trata de provincias en las que predominan marcadas rémoras feudales y una fuerte gravitación de los sectores más reaccionarios de la Iglesia católica. 

Sin detenernos en los casos de San Juan y San Luis (que aportaron tres y dos votos de rechazo, respectivamente), ese NO, que permitió –solamente por ahora- la continuidad de los abortos clandestinos, provino de provincias que exhiben los mayores índices de pobreza del país, recurrentes embarazos adolescentes,  y en las cuáles los abortos “ilegales” son cosa corriente entre las mujeres pobres. Para ilustrar la insalvable distancia que separa a la gente común de sus “representantes”, resulta ilustrativo el caso de Santiago del Estero. En lo que va del año, con el fallecimiento de Liliana Herrera -una joven madre que dejó dos criaturas- ya suman tres las mujeres muertas en la capital santiagueña por abortos clandestinos. Si en ocasión de la discusión en la Cámara baja,  seis de los siete diputados de dicha provincia se habían manifestado contrarios a la despenalización, los Senadores se ocuparon de rematar la cuestión. A escasos tres días de producida la muerte de Liliana no trepidaron en votar masivamente en contra del proyecto.

Además de la más absoluta falta de empatía por la situación que atraviesan las miles de mujeres empujadas a abortos clandestinos, quienes optaron por el NO exhibieron (cuando lo hicieron) pobrísimas argumentaciones. Como se sostuvo desde un principio en la Campaña,  el problema a debatir no era Aborto sí o Aborto no; sino Aborto legal o aborto clandestino. En tal sentido, un grupo minoritario de senadores y senadoras se entretuvo en desgranar fútiles propuestas, a futuro, sobre educación sexual y acompañamiento de grupos interdisciplinarios a mujeres “gestantes” (que no desean o no pueden llegar a ser madres) con el propósito de convencerlas de las bondades de la maternidad. En un contexto caracterizado por la aplicación sistemática de políticas recesivas, con un alarmante crecimiento de la desocupación, una inflación desbocada,  topes a las paritarias, subas de tarifas de servicios públicos, combustible y energía, y continuos recortes a todo programa que signifique siquiera una mínima esperanza de mejoría en las situación de las mayorías, planteos como los expuestos precedentemente pecan de abstractos y absolutamente ilusorios. Por tanto de irrealizables. Y lo principal. Al no atender al problema nodal del debate permiten que las mujeres sigan muriendo. 

En otros casos se trató de intervenciones que además de mostrar una total ignorancia sobre el tema convocante, confundieron creencias y opciones personales, privativas del ámbito individual, con políticas públicas. Mientras Angel Rozas (UCR) definía su voto negativo como “una cuestión personal”; José Alperovich (PJ)  optaba por lo mismo sin dar a conocer sus razones y Rodriguez Saá (PJ) decía hacerlo en defensa de sus convicciones de católico, José Mayans (FpV) se manifestaba preocupado por el costo que acarrearía la implementación de la ley: “Acá nadie quiere decir cuánto sale esto y de dónde va a salir el presupuesto. En el drama de la mujer hay que ser contemplativo, no penalizarla. Pero de ahí a libre, gratuito y obligatorio y dale que va, ¡no!”. A su turno Uñac (PJ), luego de aclarar que hablaba según su “criterio” se ocupaba de recordar que “Riesgo siempre hay, aún en el mejor Hospital”, y que por ende, “no existe aborto seguro”. Dejando a un lado los dichos de Rodolfo Urtubey (FpV) cuya intervención concitó una repulsa generalizada por su intento de explicar “violaciones que no implican violencia contra la mujer”, ameritan asimismo mención los del conocido dirigente ruralista, devenido senador, Alfredo de Angeli (PRO). Según éste expresara, él “jamás acompañaría a una mujer a ese drama”. Además de exaltar el rol de las mujeres como amas de casa, y de revindicar “la felicidad de la mujer embarazada” y “el valor de las familias numerosas”, el entrerriano invocó la tradición de “comprarle una planta a una madre embarazada para que vea cómo va creciendo su hijo”. Dicho sea de paso, sus almibaradas manifestaciones contrastan fuertemente con el proyecto que el citado presentara en el año 2014 para legalizar el trabajo infantil en el campo. Aunque De Angeli pidió disculpas por no citar a académicos, los senadores supuestamente ilustrados no quedaron a la zaga de intervenciones superficiales y faltas por completo de sustento. Tal el caso de Federico Pinedo (PRO), quien opinó que a partir de la ley propuesta, se pasaba de “convertir algo que es un delito en algo que es una obligación para el sistema de salud de la Argentina.” No faltó quien, como Mayans (PJ), apelara a absurdos contrafácticos y tendenciosos preguntándose qué hubiera pasado si las madres de Vivaldi, Mozart, Leonardo da Vinci o Miguel Angel les hubiesen negado a los nombrados la existencia, para terminar agradeciendo a la propia el estar en este mundo. Una última consideración sobre la intervención de C. Lopez Valverde (PJ) quien rechazó la medida por ser “conservadora”: “Tal vez si yo hubiese ocupado  esta banca hace 30 años, con el ímpetu de mi juventud, con una mirada muy inmediata, hubiese votado a favor. Pero los años no vienen en vano”.

Al pobrísimo nivel expuesto se sumaron situaciones como las de Carlos Reutemann quien, pese a no abrir la boca, al momento de votar lo hizo negativamente (¿acaso este señor no tenía nada para decir en un asunto de tamaña importancia?); los reiterados exabruptos de que hizo gala la presidenta del cuerpo y vicepresidenta del país, Gabriela Michetti, quien ya ha demostrado en diversas oportunidades su absoluta falta de idoneidad para los cargos que ocupa, y el voto negativo de Carlos Menem, considerado culpable en el sonado caso de contrabando de armas a Croacia y Ecuador, sentenciado a 7 años de cárcel, inhabilitado para ocupar cargos públicos, y amparado por sus fueros. En cuanto al senador Omar Perotti (PJ), su abstención en un momento tan crucial como éste sólo es atribuible a mezquinos y oscuros cálculos políticos.

Lo dramático y  por completo inadmisible es que el destino de las mujeres de este país esté en manos de gente con la estatura intelectual y moral de la descripta. 
Evidentemente lo ocurrido, además de poner de manifiesto el descrédito y la absoluta falta de representatividad de esta vapuleada “clase política”, y de confirmar, una vez más,  la inexistencia de un Estado realmente laico, convoca a pensar con urgencia en alternativas diferentes que puedan garantizar una real participación ciudadana y una consecuente defensa de los derechos de las mujeres.  Sin lugar a dudas, una parte fundamental de estas nuevas formas de entender la política está representada por el papel revolucionario que viene cumpliendo el feminismo.  Contra viento y marea las mujeres seguiremos avanzando. La decisión de tanta juventud que lucha y se manifestó en las calles en favor de una ley que garantice el aborto seguro, legal y gratuito es ya un hecho irreversible en la historia política de nuestro país. Nos lo están exigiendo las miles de Lilianas Herrero o Marías Campos, mujeres que  pagaron con sus vidas las prácticas de abortos clandestinos, realizados en contextos de enorme pobreza y desamparo, gracias a los fundamentalismos y la ignorancia sobre los que se sostiene esta sociedad patriarcal y estructuralmente desigual. 

(*) La autora es Historiadora y MG. en Género (UNR) 

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